domingo, 6 de marzo de 2011

SEVILLA - LOS GRANDES OLVIDADOS DE LA SOCIEDAD

Los grandes olvidados de la sociedad

La Ciudad San Juan de Dios inaugura el martes sus instalaciones para atender a discapacitados físicos y psíquicos

Rafita, Vicente, Cándido, Luna, Moisés, Yaisa, Elena, Alejandro -alias Farruquito-, Reyes o Álvaro. Éstas son sólo algunas de las 96 personas que viven en la Ciudad San Juan de Dios. Ciudad de corazones solidarios.

Aunque diariamente atienden a 300 personas. Un complejo educativo asistencial, que ha supuesto un gran esfuerzo y un coste de 18 millones de euros, con el que la Ciudad San Juan de Dios se adapta a las exigencias de la Ley de Dependencia y a la nueva realidad de los usuarios.

Un centro que entró en servicio en septiembre y que se inaugurará oficialmente el martes. "Tras un constante parcheo decidimos construir una ciudad de acuerdo a los servicios que tenemos y adaptada a las nuevas necesidades de los usuarios", explica el director gerente, Alfonso Moral. Una "locura" o un sueño hecho realidad.

Hablar de la Ciudad San Juan de Dios, es hablar de una institución cuyas motivaciones les llevan a intervenir en los seres humanos más vulnerables. La ciudad nació en 1970 para atender a los discapacitados físicos afectados por la polio que eran tratados en el hospital que la orden tiene en Nervión.

Una enfermedad que requería un largo periodo de hospitalización. "El padre Serafín Madrid vio la necesidad urgente de estas personas, en su mayoría niños, y creó la ciudad", detalla Moral. Un lugar en el que, además de tratamiento, se le ofreció la posibilidad de formarse para "integrarse en una sociedad que los tenía olvidados y apartados".

Cuando en 1985 se aprobó la Ley de Integración Social del Minusválido, los hermanos de San Juan de Dios vieron que nadie atendía a personas con discapacidad psíquica. Fue entonces cuando decidieron transformar la ciudad. Y así lo hicieron: "La institución ha ido cambiando para ayudar a los más afectados de la sociedad. Los que nadie quiere, los cuidamos nosotros. Allí donde el Estado no llega intenta llegar la orden", declara Moral.

Una persona. Una necesidad y una respuesta. Algunos son niños. Otros son adultos. Pero esto no importa. "Es lo mismo. Qué más da que sea mayor o menor, la circunstancia sigue y seguirá siendo la misma", cuenta el director del centro, en el que lleva 26 años. Niños especiales y enfermos.

El denominador común es la discapacidad intelectual psíquica y, dentro de ésta, los más gravemente afectados que sufren epilepsia, parálisis cerebral, autismo, en silla de ruedas, retrasos madurativos profundos... y un sinfín de patologías.

Es sorprendente la pasión y la entrega con la que los hermanos de San Juan de Dios y los 133 empleados, de diferentes especialidades, tratan día a día a estas personas. Luchan minuto a minuto por ellas, para intentar que sus vidas sean las mejores posibles gracias a todos los servicios que tienen a su disposición. Instalaciones dotadas con la últimas y mejores técnicas.

Tienen los métodos más adecuados y las más modernas tecnologías para cuidarles y formarles. La sonrisa, la ternura y el amor siempre están presente en cada gesto, en cada labor... en cualquier rincón de la residencia. "¡Ay mi gordi, lindo!", decía Claudio Suárez, uno de los profesores de Educación Especial, a uno de los chicos que acababa de llegar de una excursión al centro comercial Los Alcores. Un niño de 15 años con parálisis cerebral y otras patologías. "Ellos no pueden expresarse.

No nos hablan, pero ya los conocemos, sabemos lo que les gusta y sabemos cómo actuar con ellos", cuenta Suárez, que añade que también trabajan con los familiares, ya que muchos, dependiendo de los casos, se van los fines de semana o en vacaciones con sus padres. "Estos niños nos enganchan. Se les quiere mucho.

Nos lo pasamos muy bien con ellos", señala su compañera. Una excursión con un objetivo: que escuchen ruido; huelan olores diferentes. Y algo fundamental: que poco a poco se vayan integrando.

Una atención personalizada que comienza en el minuto cero. En el mismo momento en qué el chaval o la familia acude pidiendo ayuda. La mayoría de estos niños vienen de familias desestructuradas; de clase social baja e incluso del centro de menores. Hay residentes para toda la vida.

Actualmente hay niños de 5 a 49 años. Reyes, la mayor, llegó con 14 años. La ciudad cuenta con un Centro Especial de Empleo, una lavandería industrial que lava ropa de todos los hospitales de San Juan de Dios. En el centro trabajan 39 discapacitados.

Al hacer un recorrido por los tres nuevos edificios del centro llama la atención todo: desde el personal, a las instalaciones, a los niños. Alguno de ellos nos recibieron con un abrazo. Otro nos despidieron bailando.

En este centro, los niños siempre han sido y serán lo primero. La atención personalizada y el hecho de que, aunque superen los 21 años, sigan igual de atendidos en el centro, es el plus que ofrece la Ciudad San Juan de Dios.

Fuente : diariodesevilla.es

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